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“Si los pasajeros llevaban los cinturones puestos, se habrían salvado”

Los corredores de una maratón y sus familiares evitaron que el peor accidente vial que ha tenido Mendoza haya sido mayor. En la tragedia del colectivo chileno de Turbus en alta cordillera, que causó 19 muertes y 22 heridos, fueron fundamentales los asistentes a la maratón extrema del Aconcagua que se corría pocas horas después del accidente, el sábado pasado.

"Si los pasajeros llevaban los cinturones puestos, se habrían salvado"

El rescate de las víctimas tras el vuelco del micro de Turbus. EFE

Muchos de los maratonistas pasaban la noche previa a la carrera en la Compañía de Cazadores de Montaña 8, que pertenece al Ejército argentino, en la localidad de Puente del Inca, a 15 kilómetros del límite con Chile. Muchos de los deportistas dormían cuando fueron alertados por gendarmes del grave accidente en la ruta. Un colectivo había volcado. Fueron cerca de 30 los corredores de distintas partes del país que salieron a prestar ayuda y convertirse en rescatistas de los pasajeros que habían quedado aprisionados o despedidos del colectivo. “Fue terrible, una masacre. Muchos heridos, por lo que ayudamos a los gendarmes y enfermeros a trasladarlos”, contó uno de los runners, Gonzalo Berná.

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El relato más conmovedor lo dio el neurólogo mendocino Mario Salassa, un experimentado médico de emergencia. Viajaba con su esposa y sus dos hijas por la ruta 7 de alta montaña. Iba a dormir a la localidad fronteriza de Las Cuevas para presenciar el día siguiente la maratón del Aconcagua, donde corría un primo. Salvó la vida de siete personas, entre los que estaban los tres chicos que perdieron a sus familiares.

"Si los pasajeros llevaban los cinturones puestos, se habrían salvado"

AsÍ quedó el interior del micro de Turbus tras el vuelco. FOTOREPORTER

Salassa y su familia fueron testigos del exceso de velocidad al que iba el chofer del colectivo de Turbus. “Íbamos a 80 kilómetros por hora, cuando nos empezaron a pasar los ómnibus. Todos venían entre 120 y 140 kilómetros por hora”, contó el médico al diario Mdz. Todas las líneas de colectivos parten de la terminal de ómnibus de Mendoza a similar horario, entre las 22 y 23 horas, para llegar por la mañana a Santiago de Chile. Por las largas colas y esperas habituales de cuatro a seis horas en la Aduana, los choferes exceden los límites de velocidad para llegar primeros y no tener que esperar en la fila.

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Al llegar al lugar del accidente, el neurólogo bajó del auto. “La prioridad era sacar la gente del micro porque no sabía si podía prenderse fuego o seguir cayendo por el precipicio. En eso, me crucé con el chofer (Francisco Sanhueza, ahora detenido). Estaba bien, sólo se le veía la corbata corrida y un rasguño en la cara. Al ingresar al colectivo, me impresionó ver que los asientos estaban absolutamente sanos. Si los pasajeros hubieran llevado los cinturones de seguridad puestos se habrían salvado. Encontré ocho cuerpos. Todos hacia la izquierda, hechos un nudo. Algunos pasajeros con un resto de vida pero sin posibilidad. Mi objetivo era sacar a la gente que estaba bien, porque de este modo puede salvar más vidas”, relató. Y reveló cómo hizo para reanimar a los niños que habían sido despedidos del colectivo por el impacto: “Me encontré la escena de un padre, un hombre obeso de unos 40 años, prácticamente desnudo, con un short, rodeado de tres niños, que no tenía ninguna posibilidad de seguir con vida. Los niños estaban ensangrentados, llorando y sentaditos. Ahí, se me acabaron las preguntas y entendí que los pacientes más salvables y rescatables eran ellos. Así que los fui llevando de a uno a mi auto y los trasladamos a la Compañía de Cazadores de Montaña donde tenían un kit básico de asistencia”.

Clarin

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