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Sacaron la basura que se acumula en el subsuelo de la Ciudad

Arroyo Maldonado Para limpiarlo, vaciaron el túnel largo que corre bajo unas 100 cuadras porteñas. Encontraron miles de botellas y bolsas y hasta colchones, cochecitos de bebé y celulares

La limpieza del túneles del arroyo Maldonado

Para llegar a la desembocadura de los túneles donde llega la basura, hay que descender 40 metros en una jaula.
Foto: Diego Díaz.

La botella que tiraste por la ventanilla del colectivo. El blister de analgésicos que se te cayó del bolsillo cuando buscabas las llaves. La bolsa de residuos que rebalsó el contenedor esa noche de tormenta. El envoltorio de la hamburguesa take away que dejaste sobre un cesto. Restos de escombros que se arrumban en un baldío. Cada día, kilos de basura se filtran a través de los sumideros y se acumulan debajo de las calles de la Ciudad. El eje de mayor envergadura es el del túnel aliviador largo del Maldonado: más de cien cuadras, desde el cruce de la calle Cuenca y la Avenida Juan B. Justo hasta la desembocadura del arroyo en el Río de la Plata. Ayer terminó el proceso de limpieza y mantenimiento anual de la que se considera la obra hidráulica más grande de la Ciudad y Clarín participó del operativo que se llevó a cabo en la boca del túnel.

Pasó el mediodía y las nubes todavía aguantan la llovizna en las inmediaciones del muelle del Club de Pescadores, en Costanera Norte. En el fondo del enorme cilindro de hormigón en el que desemboca el aliviador un grupo de operarios se apura a llenar los últimos volquetes con esa masa hedionda que conforma la basura acumulada. El procedimiento completo lleva ocho días, trabajan unas cien personas y se utilizan grúas de más de 5 toneladas que levantan los volquetes cargados y los vuelven a bajar vacíos.

Las mismas grúas mueven la caja en la que “viajan” operarios, funcionarios y curiosos. El primer paso es vencer el vértigo: son 40 metros en el aire hasta volver a tocar tierra firme (o algo parecido). Luego, las medidas de precaución: mamelucos, botas de lluvia, cascos, anteojos y guantes protectores, además del arnés que garantiza que, incluso si la caja de hierro de desintegrara, los “pasajeros” quedarán colgando de la pluma de la grúa.

El procedimiento empieza con el vaciado del túnel que pasa debajo de los barrios de Versalles, Liniers, Villa Luro, Vélez Sarsfield, Floresta, Villa Santa Rita, Villa Mitre, Caballito, Villa Crespo y Palermo. Para eso se cierran las compuertas en ambos extremos y se extrae el agua con bombas que la expulsan al río, tarea que demanda varios días.

Las máquinas que remueven la basura y los sedimentos acumulados recorren el túnel de 6,9 metros de diámetro y 9.850 metros de longitud en tramos. También se utilizan ataguías para desviar el curso de agua y lograr una superficie seca, lo que permite revisar y reparar cualquier anomalía en la estructura, las juntas y las grietas. Y se aprovecha para lubricar y ajustar las compuertas.

“El 72% de cauce del Maldonado drena a través de este túnel aliviador largo que hemos limpiado. Con este operativo recuperamos su actividad y favorecemos el escurrimiento del Arroyo evitando las anegaciones”, explica Eduardo Macchiavelli, Ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad. “Es un procedimiento que además nos sirve para estudiar cómo cuidar esta que es la obra hidráulica, la más importante en los últimos 90 años en la Ciudad”, apunta el vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli. También participó del recorrido Franco Moccia, ministro de Desarrollo Urbano y Transporte de la Ciudad.

Sobre la superficie pegajosa sobresalen botellas de todos los colores. También bolsas de polietileno, cajas de cigarrillos, zapatos, latitas, envases de medicamentos, bandejas de comida, plásticos y más plásticos. “Es basura que la gente tiró a la calle o fue arrastrada por la lluvia. “Podemos encontrar cualquier cosa, no tanto en el aliviador pero todos los días en los conductos. Lo más común son latas, bolsas, muchísimos envases PET, pero pueden aparecer colchones, cochecitos de bebé, sillas, paraguas, celulares, billeteras, patentes de auto, cualquier cosa que arrastre el agua. En el último tiempo aumentó mucho la cantidad de vasos de café descartables”, cuenta Carla Vidiri, de la Dirección General de Pluviales de la Ciudad.

Los desechos reciclables se recuperan y el resto va a la CEAMSE. ¿Y después? Volver a empezar, como todos los días. O mejor que ayer, si cada uno se toma el trabajo de tirar la basura a la basura.

Clarín

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