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Insólito paro en el subte: una discusión por los baños dejó sin servicio a la Línea C durante 22 horas

Los metrodelegados denunciaron la falta de baños químicos y un comedor chico en la estación San Juan, que iba a funcionar como cabecera. En tres años ya suman 56 medidas de fuerza.

Insólito paro en el subte: una discusión por los baños dejó sin servicio a la Línea C durante 22 horas

El paro de la Línea C dejó en claro un par de cosas: que la protesta de un grupo de empleados del subte porteño puede más que las necesidades de 150.000 usuarios y que -como sucede con los piquetes que colapsan la Ciudad y son protagonizados por un puñado de manifestantes- se están tornando en parte de la dinámica porteña de conflictos absurdos y cotidianos.

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En la Línea C, durante casi 24 horas, el eje de la discusión fueron los baños químicos que la empresa concesionaria dispuso para el uso de los trabajadores, en tanto se avance con obras en la estación terminal de Constitución. Con este argumento quedaron en evidencia los protagonistas: por un lado, la falta de empatía de los metrodelegados con los usuarios, y el profundo enfrentamiento que tienen con la empresa. Y por el otro, la inoperancia de Metrovías para negociar y desactivar un problema que se venía anticipando. Y quedó a la vista que los que sufren las consecuencias son siempre los usuarios.

Como dato, la Asociación Gremial de Trabajadores de Subte y Premetro realizó, en tres años, 56 protestas que incluyeron cortes del servicio en diferentes líneas: 21 en 2014, 19 durante 2015 y otras 15 en el último año. Y cuando aún no pasó una semana de 2017, el servicio de la Línea C arrancó con el pie izquierdo. En tanto los representates del gremio, Nestor Segovia y Roberto Pianelli, fueron denunciados penalmente por los delitos de “entorpecimiento de servicio público”, “extorsión” y “asociación ilícita”.

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La medida comenzó por sorpresa el martes a las 18 y el servicio se reanudó a las 16 de ayer. Metrovías cedió en parte a las demandas de los metrodelegados y dispuso: “Un remís para cada una de las parejas de guarda y conductor para que se trasladen de Constitución a Independencia, baños químicos para hombres y mujeres, y una sala de descanso”, explicó Lucía Ginzo, gerente de relaciones institucionales de la compañía. Quien, sin embargo, consideró que “nada de lo que se utilizó como pretexto justifica este paro que dejó a miles de usuarios sin servicio”.

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Nada de lo que se utilizó como pretexto justifica este paro que dejó a miles de usuarios sin servicio”, dijeron en la empresa.

Este equipamiento había sido instalado en la estación San Juan, en donde iba a funcionar la terminal alternativa de la Línea C, hasta fines de febrero. Caminando por Bernardo de Irigoyen, son alrededor de 800 metros hasta Constitución, en donde los pasajeros combinan con decenas de líneas de colectivos o el ferrocarril Roca. Ahora la “terminal” estará en Independencia: a 1.300 metros de Constitución.

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Los metrodelegados argumentaron que por las obras en Constitución se quedaron sin vestuarios y comedor. Y que además les instalaron dos baños químicos que son insuficientes y que las empleadas no quieren usar porque no son higiénicos. Pero este tema, según explicaron a los medios, ya había sido advertido a la empresa: “En octubre le sugerimos a la empresa que la cabecera debía ser la estación Independencia, no la estación San Juan. Necesitamos baños en cantidad y calidad, vestuarios, personal de seguridad y matafuegos”, explicó Néstor Segovia, de la AGTSyP. El pedido impactará en 40 trabajadores.

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En octubre le sugerimos a la empresa que la cabecera debía ser la estación Independencia, no la estación San Juan. Necesitamos baños en cantidad y calidad, vestuarios, personal de seguridad y matafuegos”, dijo el delegado Néstor Segovia.

Ambos tuvieron una coincidencia: echarse culpas. “Metrovías y Sbase (la empresa de la Ciudad que administra los subtes) son responsables de las molestias ocasionadas a los pasajeros”, dijeron los metrodelegados en un comunicado. “La empresa lamenta los inconvenientes que esta medida de fuerza injustificada y sorpresiva provocó a miles de usuarios”, apuntó Metrovías. Y los usuarios tuvieron su catarsis en las redes sociales, en donde compartieron broncas, angustias y algunos chistes: “Toman de rehenes a la gente por un baño y un comedor, país generoso”, dijo @victorfyt en Twitter. “Por fin los denunciaron a Segovia y Pianelli. A llorar al baño”, se expresó @VaneSteinberg. “A todos los que perdieron el presentismo de enero por favor dirigirse con el recibo a la cuenta de @nestor_segovia para solicitar el reclamo”, alentó @cliporace. Y @nachomdeo publicó “En cualquier momento Segovia lanza un paro para reclamar que los subtes vayan por la superficie. Parece una locura pero es capaz”. Los cierto es que más allá de las chicanas, existe un fuerte componente político que se fogonea detrás de estos paros: la empresa que dejó trascender que la protesta tiene otra intención -un pedido de reducción de la jornada laboral y mayor cantidad de tiempo de descanso- y los metrodelegados que representan a los trabajadores pero también a sus propias ambiciones políticas. En el medio de todo, los usuarios que, una vez mas, se quedan sin un servicio público esencial.

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