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Horno subterráneo: bajo el Obelisco se registra uno de los puntos más calientes de la Ciudad

Debajo del Obelisco, en el punto en el que se unen y bifurcan las líneas de subte C, D y B hay un calor de incendio. Son las cuatro de la tarde de un martes. En la superficie, 37 grados de sensación térmica combustionan los cuerpos, bajo el asfalto la cocción es más agresiva. También, más obvia. Se ve en camisas mojadas, frentes brillantes y pasos cansados de los usuarios que entran y salen de las estaciones Diagonal Norte, Carlos Pellegrini y 9 de Julio. Es verano, el calor agobia, pero acá agobia más. El nodo Obelisco es el punto más transitado bajo tierra y uno de los más calientes de la Ciudad. En sus pasillos los pasajeros se convierten en hombres y mujeres ardidos.

“Bajo y enseguida empiezo a transpirar. No importa la época del año, sea invierno o verano, siempre hace calor”, dice Matías Noguera. Tiene 27 años, presta servicio técnico de alarmas y tres veces por semana usa el nodo. Está parado en el medio de las escaleras que conducen, de un lado, a la C, del otro, a la D. Caen gotas de su frente. “Deberían poner aire acondicionado porque el calor se sufre mucho”. Se apoya en la pared. Se seca con los dedos el sudor.

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Sofocación. La ventilación actual no sirve: sólo devuelve aire caliente. Foto: Emiliana Miguelez

En el nodo hay tres dispositivos que ningún usuario ve, pero que están asociados en forma directa a su sensación de calor. La empresa estatal Subterráneos de Buenos Aires (SBASE) instaló esos aparatos para medir la humedad y la temperatura. Las muestras se toman cada diez minutos y devuelven información. A través de esos instrumentos y, a pedido de Clarín, se hicieron mediciones en un día de enero con una temperatura en el exterior de 35 grados y una humedad del 45 por ciento. Los análisis determinaron que, el mismo día y a la misma hora, abajo, en el nodo, había una temperatura dos grados menor y una humedad del 65 al 70 por ciento, 1.4 veces más que en superficie.

“La temperatura no es más alta. Lo que lleva a percibir más calor del que realmente hace es el porcentaje alto de humedad que hay bajo tierra”, explican. Abajo, el termómetro portátil que llevó Clarín lo confirma: hay dos grados menos que en la Plaza de la República. Pero la percepción -atada a los índices elevados de humedad- es la de estar dentro de una olla de agua hirviendo. “Vengo de la B y sigo viaje en la C. Al llegar al nodo, se siente más calor. No hay ventilación y es un trayecto en el que se camina bastante entre una y otra línea”, dice Beatriz Castillo, de 52 años. Es empleada doméstica, su trayecto empezó en la estación Juan Manuel de Rosas y terminará en Florencio Varela. “Acá hace falta agua, uno o varios dispenser. Sería una gran ayuda para nosotros, que vamos y venimos”.

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Por el nodo Obelisco del subte, donde convergen las líneas B,C y D transitan unas 300 mil personas por día. Foto: Emiliana Miguelez

En los pasillos del nodo, frente a un local cerrado de Mc Donalds y un negocio de venta de mochilas, funciona una estación saludable del Gobierno porteño. Ahí los vecinos pueden chequearse la glucemia, la presión y conocer su peso y talla. Pero a los estudios de rutina suelen sumarse otras tareas. “La gente se descompone mucho. La conglomeración de usuarios es alta y hay muy poca ventilación. Tengo que atender entre tres o cuatro descompensaciones por semana”, dice un empleado que prefirió no dar su nombre. En una mesa en la que se toma la presión hay dos botellas de agua vacías. Atrás un ventilador girando.

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98.280 horas bajo tierra

Trabajar bajo el Obelisco es una convivencia constante con el calor. Alejandra está nueve horas por día en el puesto de venta de panchos que deriva en los andenes de la D. La rodean un aire acondicionado puesto en 25 grados y dos turbos. No son suficientes para apagar su fuego. Casi pegado a su local, hay otro de venta de empanadas. Los hornos están encendidos. “Hoy hablaba con un cliente: tendrían que poner aire acondicionado en el hall’ Esto tiene que ser una central adaptada a la cantidad de gente que circula”, dice mientras despacha dos panchos largos. A Claudia Markevicz, de 46 años, no la abraza el aire caliente de los puestos de comida, pero la ubicación de la agencia de lotería en la que atiende -pegada a las escaleras de la B- también le enrojece los cachetes. “Acá no te das cuenta cuánta temperatura hay afuera. El calor es crónico. Los ventiladores no sirven, revuelven aire caliente”.

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Sofocación. Bajo tierra se registro una humedad un cuarto mayor a la de la superficie. Foto: Emiliana Miguelez

En Subterráneos de Buenos Aires reconocen el problema: “El nodo Obelisco es uno de los lugares más calurosos de la red. Es sin duda el más prioritario en materia de ventilación”, dijeron. Los factores que elevan la temperatura son los 3.000 pasajeros diarios, la incorporación de coches con aire acondicionado, la energía eléctrica que se consume y la ausencia de viento en el túnel. Hay trabajos previstos: incluyen una obra electromecánica de implantación de equipos de ventilación en los tramos del túnel entre estaciones, que extraerán el aire del túnel y lo evacuarán hacia el exterior. También, una obra civil para alojar un ventilador y una máquina enfriadora, que tome aire del exterior, lo enfríe y lo inyecte en el nodo.

“El aire es muy denso. Es como estar dentro de una sopa. Tenemos que copiarnos de otros países, no te digo del primer mundo, pero en estaciones de Latinoamérica no se siente tanto calor y tanta humedad. Alguna vuelta acá tiene que haber”, dice Pablo Daniel Pentre, de 46 años. Es productor de seguros y lleva su camisa celeste mojada en la espalda y en el pecho. Con su mano derecha despega la tela del cuerpo, está por entrar a la B, sabe que seguirá transpirando.

Fuente: Clarin

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