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Fatiga crónica, agotamiento que puede llevar a la discapacidad

Un agotamiento extremo y persistente que no puede aliviarse con el descanso porque el sueño reparador nunca llega es la primera señal de alarma. Sin embargo, luego aparece el dolor, en particular el muscular y es sobre todo esto lo que lleva a la consulta médica.

El Síndrome de Fatiga Crónica es una patología que presenta tal diversidad de síntomas que -además de dificultar su diagnóstico y no tener cura- si no se recibe un tratamiento adecuado terminará por afectar severamente la calidad de vida de los afectados; esto a tal punto que puede resultar discapacitante.

El médico clínico Luis Biliato explicó que obedece fundamentalmente a factores psicoambientales y del estilo de vida, por lo que el tratamiento apuntará a modificar aquellos que puedan estar ocasionando el malestar con un tratamiento interdisciplinario.

Miguel Páez, inmunólogo de OSEP explicó que la sensación del paciente es similar a un cuadro virósico y comparte la sintomatología con la fibromialgia, pero en este caso predomina el cansancio.

“Se da en personas con determinada personalidad, ansiosos, perfeccionistas, quieren que todo les salga bien, entonces nunca terminan de relajarse y tienen alteraciones en el ciclo del sueño por lo que no alcanzan niveles profundos; la falta de relajación muscular les genera tensión permanente y eso lleva a la contractura”, explicó. Y añadió: “Con las exigencias laborales actuales es lógico que en una persona con estas características de personalidad se desencadene”.


Complejo y discapacitante

La Fundación para la Fibromialgia y el Síndrome de Fatiga Crónica de España explica que se trata de una enfermedad compleja que se caracteriza por una fatiga insuperable que no disminuye con el descanso y se agrava por la actividad física y mental.

Se presenta con una diversidad de síntomas que la transforman en multisistémica y por lo tanto discapacitante ya que conlleva diversos trastornos inmunológicos, neurológicos, neuromusculares y neuroendócrinos.

Esta entidad, creada por la inquietud de los pacientes ante la escasa investigación sobre el tema, apunta que las manifestaciones y consecuencias más comunes son además de la fatiga extrema, dolor generalizado, febrícula persistente, alteración del sueño, ansiedad, depresión, falta de memoria y concentración, colon irritable, estreñimiento, inestabilidad motora, faringitis, cefalea, ganglios inflamados y dolorosos, alergias, dificultades para la realización de cálculos matemáticos y la concentración, falta de memoria, hipersensibilidad, entumecimiento y hormigueo. Pero en casos extremos puede llegar incluso a producir problemas cardiovasculares y alteraciones del sistema inmunológico.

“Termina por afectar las funciones autonómicas como el funcionamiento intestinal, la sudoración o la frecuencia cardíaca y respiratoria”, detalló Páez.

No siempre aparecen todos los síntomas, estos son fluctuantes con crisis o “brotes” y la evolución es incierta.

Según se informa afecta a entre 0,3 y 0,5% de la población y la tendencia es al aumento, mientras que tiene mayor prevalencia entre los adultos jóvenes y las mujeres. Por ello, se apunta a que el tratamiento temprano les de una mejor calidad de vida ya que el cuadro lleva a tener dificultades de en las actividades normales y la socialización ya que los afectados tienden a aislarse.

El psicólogo Walter Motilla sostuvo que luego de muchas investigaciones “en la actualidad se considera un trastorno psicosomático en el cual los factores psicológicos tendrían un peso fundamental”.

A los síntomas orgánicos se suman los emocionales como abatimiento, desmotivación, sentirse deprimido, irritable, ansioso y con dificultades para manejar el estrés.

En el mismo sentido, se expresó Páez quien indicó que generalmente se trata con psicólogos o psiquiatras porque siempre hay factores del entorno como familiares, laborales o de la infancia que no fueron resueltos que pueden influir. Además, el entorno o las actividades laborales suelen ser estresores.

Relajarse es la clave

Por el momento no hay cura, pero sí tratamiento interdisciplinario que en muchos casos, según los síntomas puede ser también farmacológico. Se trabaja en técnicas de relajación, manejo del estrés y de los efectos sintomáticos.

“Hay que descartar otras enfermedades inmunológicas o hematológicas primero”, explicó Biliato quien además detalló que la medicación puede ser necesaria para atenuar el dolor o la falta de sueño, “mejorar los síntomas favorecerá el tratamiento”.

Una forma de lidiar con ellos es conocer las reacciones para saber qué condiciones empeoran el cuadro.

Para intentar determinar las causas se han realizado investigaciones que lo han atribuido a factores muy diversas, pero ninguna logró la suficiente evidencia científica.

Una de las vertientes apunta a que el causal, en un segmento de pacientes, podría ser un virus. Se asocia también a la aparición de infecciones, trastornos inmunitarios, traumas y toxinas.

Por: Verónica De Vita
Los Andes

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