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Enfermedades infecciosas: Las nuevas patologías que tendrán en alerta a la región

Enfermedades infecciosas: Las nuevas patologías que tendrán en alerta a la región

Ojalá los protagonistas de estas líneas tuvieran la fuerza de Hércules, o el tema fuera un melodrama medieval sobre la enfermedad de amor. Pero las patologías infectocontagiosas no tienen nada de cuento. Pueden, sí, dividirse en capítulos: el de hoy incluye dengue, fiebre amarilla, alacranes y gripe “A”. El hipotético capítulo del mañana, algunas figuritas repetidas y otras que deseamos ver de lejos: gripe aviar, leishmaniasis y tres afecciones para no perder de vista: MERS, fiebre de Lassa y el virus Nipah.

Arrojar mensajes alarmistas no sólo es un error sino una maldad. Pero en salud podría adecuarse la frase cosecharás tu siembra. Más allá de las voluntades que a capa y espada sostienen una vida healthy (saludable), el cambio climático -del que va siendo hora de asumir alguna responsabilidad- nos está llevando de Guatemala a guatepeor, en especial en materia de enfermedades infecciosas.

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Lilián Testón coordina el Departamento de Epidemiología y Control de Infecciones de la Fundación Centro de Estudios Infectológicos (FUNCEI) del centro Stamboulian y es consultora de la central de infecciones del Hospital Interzonal de Ezeiza “Dr. Alberto Antranik Eurnekian”, cercano a un rincón favorito del viajero microbiano: el aeropuerto internacional. Aclara que “las enfermedades infecciosas se transmiten entre humanos, o de animales a humanos (zoonosis), y abarcan virus que viajan en vectores como mosquitos, roedores, mascotas, y bacterias, parásitos y hongos. Incluyen afecciones toxoalimentarias que pueden generar brotes epidémicos como el Síndrome Urémico Hemolítico (ligado al consumo de carne) el cual, dicho sea de paso, tiene cifras altísimas en Argentina y ningún tratamiento puntual”.

Hasta acá los tecnicismos. Pero desde el Hospital de Infecciones “F.J. Muñiz”, Tomás Orduna, jefe de servicio de Patologías Regionales y Medicina Tropical (CEMPRA-MT), observa: “El mundo es cada vez más pequeño. Hoy se puede trasladar 800 personas en un solo avión y en unas 18 horas ir de Japón a Argentina. Siempre hubo expansión de enfermedades, pero llevaba décadas o un siglo ver las repercusiones. Ahora vimos el virus H1N1, la influenza “A”, cuya expansión continúa años después. Y ahora estamos vigilando influenzas de origen aviario (H5NX y H7NX) que generan gran mortandad en las aves”.

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Un criadero de pavos en Chile. En ese país se detectaron recientemente casos de infecciones por influenza aviar (EFE/Sopraval).

¿Será un tema la gripe aviar? Para la doctora Testón, “la enfermedad en las aves de corral es un problema en Asia, donde la gente frecuenta mercados con aves. El humano se puede contagiar por vía respiratoria y, si el virus es de alta virulencia, la mortandad puede alcanzar el 50%”. Sobre el reciente sacrificio de pavos en Chile, “se está evaluando si el virus fue de alta patogenicidad, es decir, su nivel de virulencia”, aclara Testón, y tranquiliza: “Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el virus no adquirió la capacidad de transmitirse de forma sostenida entre personas. Se considera improbable una pandemia, o sea, que salga de Asia y más allá de la alerta en Chile”.

Menos optimista, Orduna señala que estos virus “pasan a los humanos de forma lenta y con un número acotado de casos, aunque con una letalidad alta, del 30% al 40%. No sabemos si será como en 2009 con el H1N1. Hoy, para enfermarse de gripe aviar, un humano tiene que entrar en contacto con aves. Pero estos virus generan buena adaptación con el hombre y así empieza la buena transmisibilidad entre personas y, con ella, la expansión logarítmica”.

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One health (“una salud”) es, hace una década, un rótulo común en el ámbito de la infectología. Es que como en esto animales y humanos estamos (por decirlo de un modo amable) en la misma, el concepto resulta útil para encarar la vigilancia de forma global. “Del 60% al 70% de las enfermedades de los últimos 40 años son de origen zoonótico: estaban en los animales y pasaron a los humanos”, apunta Orduna, y agrega: “Pero cuando el virus se adapta, ya no necesitás al animal para el contagio. El tiempo de este pasaje es aleatorio. A mayor exposición de humanos, más pasajes hace el virus y genera adaptación. Por eso las matanzas de las aves: para frenar brutalmente la expansión”.

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Turistas en Corea del Sur usan barbijos para prevenir el contagio del Síndrome Respiratorio de Medio Oriente o MERS (Reuters/Kim Hong-Ji).

Si cierto tema aterriza en las mesas del Foro Económico de Davos, sin dudas es digno de atención. En la última edición, representantes de Estados, ONGs y compañías farmacéuticas de la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (CEPI, surgida como reacción a la epidemia africana de ébola, que en 2014 mató a 11.000 personas) expresaron la prioridad de desarrollar vacunas contra tres enfermedades que juzgaron potencialmente epidémicas.

La más nueva es el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS), que se vio por primera en Arabia Saudita en 2012, con un brote en Corea del Sur en 2015. La mortandad reportada fue de 3 a 4 casos cada 10, y los síntomas, tos, fiebre y falta de aire.

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Además, el Nipah (o Niv), detectado en Malasia, en 1998. El contagio se da por el consumo de alimentos contaminados por murciélagos de la fruta, y se propaga entre humanos.

La tercera en la lista es la fiebre de Lassa. Apareció en Nigeria en 1969 y se contagia por los excrementos de rata contaminados y, entre humanos, por los fluidos corporales. Según el sitio Science Alert, el Nipah fue letal para casi 200 personas desde 2001, mientras que la fiebre de Lassa mata a unas 5.000 personas por año.

Es cierto que la OMS anunció que para 2030 la mayoría de los adultos del continente africano tendrá más chances de morir a causa de enfermedades no infecciosas (cáncer, diabetes, problemas cardíacos o pulmonares) que por patologías transmisibles. Pero la Organización Panamericana de la Salud (OPS) lanzó en septiembre una cruzada con miras a 2022 para eliminar ocho enfermedades infecciosas “desatendidas”, y reducir la injerencia de otras cinco.

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En 2015 hubo un brote de MERS en Corea del Sur. (Reuters/Kim Hong-Ji).

Mientras algunas de estas patologías son poco conocidas, otras son tan famosas que resulta increíble su persistencia en la región. Ellas son Chagas, tracoma, rabia transmitida por perros, lepra, “elefantiasis” (filariasis linfática), “ceguera de los ríos” (oncocercosis) y las infecciones intestinales teniasis y cisticercosis.

Además está la meta de achicar los casos de peste, lombrices intestinales (geohelmintiasis) y tres parasitarias: hidatidosis, fascioliasis y leishmaniasis. Sobre la injerencia de estas afecciones en Argentina, hubiera sido ideal tener la visión del Ministerio de Salud de la Nación, pero al cierre de esta edición no había sido posible obtener una respuesta.

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La vinchuca, transmisora del Chagas.

Un puente conceptual une las patologías infecciosas con la música: ¿existe si no hay nadie para escucharla? En Latinoamérica y Caribe, 46 millones de chicos viven en zonas de riesgo elevado de infección por geohelmintos, 11 millones de personas corren riesgo de contraer tracoma y más de 70 millones, mal de Chagas. El detalle lo informa la OPS.

Y se estima que varias otras enfermedades conocidas seguirán dando dolores de cabeza en estas pampas. Explica Testón que “la tuberculosis, aunque no está en el nivel de brote, tiene cifras sostenidas. Se asocia al hacinamiento y la desnutrición, y no está erradicada. También nos preocupan las de transmisión vertical (en el embarazo, de madre a hijo) como el zika, cuyo síndrome congénito modifica las pautas de maduración”.

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Es clave el control del embarazo para evitar la transmisión vertical de ciertas enfermedades infecciosas.

El doctor Orduna suma que hay “una franca expansión de enfermedades de transmisión sexual”, como el VIH o las hepatitis B y C. “Fallan las conductas humanas. Hay que conversar de los métodos de barrera todo el tiempo. Es increíble que siga habiendo sífilis congénita. O sea que no hay un control adecuado del embarazo”.

De lo que sí estuvo habiendo control es del escorpionismo, aclara Orduna: “El aumento de picaduras de alacranes fue sostenido por 20 años y recién ahora se amesetó en 8.000 casos anuales. Pero como hubo una expansión geográfica, todas las provincias están denunciando lo que ya es conocido hace cien años”.

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La tuberculosis no está erradicada en la Argentina (Reuters/Mariana Bazo).

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En otro orden, el capítulo mosquitos no viene light. Mientras la ciudad de Buenos Aires no tiene epidemias de fiebre amarilla desde 1871 (cuando murió el 7,3% de los porteños), Brasil anda complicado. Entre el 1 de diciembre de 2016 y el 2 de febrero, la OPS-OMS confirmó, para ese país, 151 casos y 708 sospechosos de fiebre amarilla. Las muertes llegan a 140: 54 causadas por el virus y 86, en investigación.

Si bien las autoridades argentinas desestimaron, a quienes viajen a centros turísticos de la costa brasileña, la necesidad de vacunarse, todo parece cocinarse en una olla a presión: para la OMS, “no hay evidencia de que el aedes aegypti esté implicado en la transmisión de los brotes”, pero se teme que el virus aterrice en zonas urbanas, donde en lugar de transmitirse por las especies sabethes y haemagogus podría caer en las garras del aedes. “El riesgo potencial de la re-urbanización no puede ser descartado”, admite el boletín.

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El mosquito aedes aegypti, transmisor de los virus del zika, dengue, chikungunya y la fiebre amarilla.

Es el cambio climático, dice Testón: “Los monos son reservorios del virus de fiebre amarilla y nos hacen de centinelas: si se empiezan a morir, seguro habrá casos en humanos. Los desastres naturales y el calentamiento global hacen que el hábitat de las especies se pierda, y el mosquito, obligado a adaptarse, se mueve a zonas urbanas para cumplir su ciclo natural. Así se hace más resistente”.

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Hasta esta semana, cuando se confirmó el primer caso de dengue autóctono en la ciudad de Buenos Aires, reinaba cierta “paz” en el tema mosquitos. La ministra de Salud bonaerense, Zulma Ortiz, había estimado un mes atrás -en diálogo con la agencia Télam- que “el ciclo epidémico del dengue es de tres a cinco años”. Y como la epidemia arrancó en 2009, este año debía “ser menor al de veranos anteriores”. Pero el Ministerio de Salud de la Nación mostró cautela y comunicó que si bien la situación epidemiológica del dengue, zika y chinkungunya es moderada, “podría haber más casos a partir de febrero o marzo”, cuando los argentinos vuelvan de destinos con circulación viral.

Cruzar los dedos no va a servir de mucho, ni para ahuyentar mosquitos ni flebótomos, insectos portadores de parásitos que causan leishmaniasis, término que se va haciendo conocido en el norte del país. Su contagio es simple: perro-insecto-humano o humano-insecto-perro. “Cada año se diagnostican en las Américas un promedio de 57.000 casos de leishmaniasis cutánea y 3.480 casos del tipo visceral. En Argentina, mientras la primera muestra un riesgo latente, la segunda se ha dispersado de Misiones a otras provincias”, advierte la OPS. Por las dudas, Uruguay ya controla sus fronteras con Argentina…

Orduna explica que “en los mecanismos de vigilancia trabaja personal de salud, estadísticos, matemáticos, biólogos; un abordaje interdisciplinario. Los calculistas evalúan muchos datos, pero el cambio climático incide notablemente”. En síntesis, “los mosquitos van a seguir siendo un tema. No se puede predecir del todo el genio epidémico. Hay que trabajar en prevención para que haya menos afectados”. Y pone sobre la mesa un tema básico: “Tenemos que revisar los recortes que se hacen en ciencia y técnica para mejorar nuestra capacidad de respuesta. Eso hacen los países ricos. Tan claro como el agua”.

Clarin

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