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Energías renovables para el autoabastecimiento

Las políticas energéticas actuales nos llevaron de productores autoabastecidos y exportadores a importadores con precios que superaron a los de la producida localmente. Las importaciones tuvieron un costo para el país de 13.200 millones de dólares en 2014.

La importación es un monstruo insaciable que se fagocita nuestras reservas. La brecha entre la producción y la demanda de energía se viene ampliando y cada vez habrá que importar más energía. La demanda aumentará un 30% en los próximos 30 años, según calcula la Energy Information Administration. Los subsidios para financiar la diferencia entre el precio internacional y el local representan en la actualidad entre 4 y 5% del PBI.

Históricamente, fuimos un país gasífero; pero hoy contamos con reservas certificadas de petróleo para cubrir 9 años de la demanda anual y de gas natural para unos siete años de producción. Si no se descubren nuevas reservas, al nivel de producción actual, pronto nos quedaremos sin reservas. Es clave buscar nuevas alternativas para volver a ser un país autosuficiente en energía. El eólico es un recurso que no se agotará. Argentina posee un potencial técnico inigualable a nivel mundial para la generación de energía eólica -mayor que el hidrocarburífero en términos equivalentes-. El próximo gobierno debe recrear la confiabilidad del Estado e incentivar la inversión en el negocio eólico generando reglas de juegos claras y duraderas, creando condiciones para el financiamiento externo, desarrollando proveedores de equipamiento nacional, revisando la aplicación de tributos específicos, etc. La ley de Hidrocarburos tiene beneficios para las inversiones petroleras, que no son extensibles a sus competidoras limpias. Por ejemplo, proyectos de inversión de más de 250 millones de dólares aportados externamente tienen derecho a comercializar libremente en el mercado externo el 20% de la producción, con el 0% de derechos de exportación. Habría que incentivar de la misma manera a las energías renovables.

Al igual que otras fuentes de generación (plantas nucleares, hidroeléctricas, producción de gas no convencional, etc.), la instalación de energía eólica requiere de una importante inversión inicial -los costos todavía son altos, pero vienen cayendo un 10% por año en el mundo-. Pero una vez amortizada, el costo variable de la energía generada resulta sensiblemente inferior. Esto, sin contar las externalidades positivas limpias (bajo impacto ambiental, entre muchas) comparadas con las externalidades negativas de las energías no renovables.

No se debe apostar únicamente a la posibilidad de Vaca Muerta (extracción cara, compleja y con costos marginales altos) o a engendros como la central carbonífera de Río Turbio, sino que hay que desarrollar la certeza de la energía eólica, un recurso infinito e incuantificable, que es mucho más que una vaca a la que ordeñar. Es la oportunidad de diversificar la matriz energética y hacer de nuestra nación una potencia energética. Mientras que en otros países desarrollados la energía eólica ronda el 20 %, en Argentina representa menos del 1% del mercado de generación (unos 190 MW funcionando). Se debe implementar un plan 10x10x10(que es mucho más que 1000); esto es, llegar a un 10% en 10 años invirtiendo unos U$S 10.000 millones para instalar 3.000 MW, cifra potencialmente accesible si se le garantizara al inversor extranjero una utilidad razonable con posibilidad de repatriación de dividendos.

Federico Caeiro es ex director general de la comisión de ecología de la Legislatura porteña.


Clarín

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