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El calentamiento global ya amenaza la reserva de semillas de la humanidad

En caso de que la bomba GBU-43, considerada como la más poderosa, se arroje contra una zona del planeta; un enorme meteorito impacte sobre un continente o se desate un apocalipsis global; la humanidad ya posee una reserva mundial de alimentos, para recuperarse de un cataclismo o devastación. El Banco Mundial de Semillas de Svalbard, construido para salvaguardar la riqueza y variedad vegetal, es una fortaleza subterránea, a 150 metros de profundidad en una montaña helada, que es impermeable a la actividad volcánica, los terremotos, la radiación y la crecida del nivel del mar. El único enemigo que no estaba en los planes es el cambio climático, que llegó a amenazar la integridad del recinto.

El complejo, emplazado a 130 metros sobre el nivel del mar consta de tres cámaras de 27 metros de longitud, 6 metros de ancho y 6 metros de alto, con capacidad para albergar 2.500 millones de semillas procedentes de todo el mundo. Hasta entonces, ofrecían un inmejorable nivel de seguridad ya que fue diseñado para resistir cualquier embate sin supervisión humana. Ante los cambios en el ambiente que la rodea, la confianza no es absoluta y el Gobierno de Noruega, dueño de la instalación, anunció un sistema para mantener bajo vigilancia las 24 horas y estudiar medidas para minimizar los riesgos.

La también llamada Bóveda del Fin del Mundo (Doomsday Vault) está ubicada en el archipiélago Svalbard, en el océano Glacial Ártico, territorio del Reino de Noruega. El interior de la instalación contiene unas 935.000 semillas de más de 4.000 especies de plantas. Estos granos pueden ser utilizados en el futuro para una investigación o bien en la recuperación de cultivos de plantas afectadas por catástrofes naturales o guerras. Una muestra se compone de alrededor de 500 unidades selladas herméticamente en bolsas de aluminio. La Argentina guarda 4.500 muestras, Brasil 12.900 y los Estados Unidos 34.200.

Hoy es el Día Mundial del Medio Ambiente y el cambio climático es uno de los temas sobre los que se busca concientizar. En el caso del banco mundial de semillas, que tiene casi una década, el impacto es directo. Con temperaturas de 7° por encima de lo habitual, en el invierno más cálido jamás registrado en el Ártico, la descongelación del permafrost (la capa del suelo permanentemente helada) causó graves inundaciones en el túnel de entrada.

Los trabajos de mejora en marcha incluyen la construcción de paredes impermeables dentro del túnel y zanjas de drenaje en la ladera de la montaña para evitar que el agua de fusión del permafrost se acumule en los desniveles. Los responsables de esta edificación estudian también la posibilidad de trazar un nuevo túnel de acceso a la bóveda de semillas con el fin de mejorar la seguridad en una perspectiva a largo plazo.

Las semillas se mantienen a una temperatura estable de -18° C (0 grados Farenheit) y, en caso de fallo eléctrico, el hielo que lo rodea actuaría como refrigerante natural. En caso de conflicto, existe un tratado internacional que califica y mantiene este territorio como zona desmilitarizada. Congeladas y secas, se estima que las semillas pueden preservarse por cientos de años y utilizarse en caso de necesidad para regenerar cultivos.

El fenómeno de deshielo detectado en los últimos años en esta zona de la isla Spitsbergen parece aún moderado y las consecuencias en el corazón del banco de semillas no fueron dramáticas. “La cuestión es si esto va seguir sucediendo o si incluso se va a agravar”, indica Ketil Isaksen, del Instituto Meteorológico de Oslo. “El Ártico y especialmente Svalbard se están calentando más rápido que el resto del mundo. El clima está cambiando dramáticamente y todos estamos sorprendidos”, agregó.

 

Clarín

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