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Cambio climático: lo que cabe esperar

El lunes 31 de agosto se iniciará en Bonn el penúltimo ejercicio formal de negociación previo a la Conferencia en París, en diciembre, para alcanzar un acuerdo internacional que dé respuesta al cambio climático. Notablemente ese acuerdo no contendrá ni compromisos ni promesas de reducir las emisiones, frustrando la expectativa más generalizada y desoyendo el reclamo del Papa Francisco en su reciente encíclica. 

En la situación actual, todo parece indicar que se avecina un ejercicio internacional de gatopardismo, que pretenderá haber cambiado las cosas sin que se haya hecho nada más que enumerar normas domésticas que ya existen o, en el caso de la Unión Europea, que ya se ha decidido adoptar. El acuerdo no crearía una obligación de reducir las emisiones, pero es probable que habilite restricciones comerciales contra exportadores climáticamente descuidados como es el caso de nuestro país.

El texto de negociación de más de 85 páginas, viene creciendo y fracasando desde el 2007, con propuestas alternativas y contradictorias yuxtapuestas, y tiene como señuelo el espejismo de pedir a los gobiernos que presenten sus INDC, por las siglas de Intended Nationally Determined Contribution. Después de varios ensayos, esa expresión se tradujo al español como Contribución Prevista y Determinada a Nivel Nacional, pero su significado no está establecido. Son previsiones que estimadas en cada país, que pueden variar y no constituyen ni compromisos ni promesas de mitigar el cambio climático.

La definición de INDC ha sido metódicamente postergada en distintas reuniones, como en del Foro de las Mayores Economías, en Luxemburgo los días 18 y 19 de julio último. Allí los copresidente del grupo de negociación Dan Reifschnyder (EE.UU) y Ahmed Djoghlaf (Argelia), expresamente excluyeron esa definición de las deliberaciones sobre mitigación. 

La expresión INDC fue impulsada por los Estados Unidos, cuyo Senado estableció claramente que no consentirá un tratado que obligue a reducir emisiones. Fue macerada en las negociaciones, recogida en el anuncio conjunto de los presidentes Barak Obama y Xi Jinping del 12 de noviembre de 2014, y convalidada por la Conferencia realizada en Lima en diciembre pasado. Hasta el momento de preparar estas líneas han publicado sus INDC 53 países, más la Unión Europea. 

Los INDC presentados no son homogéneos. La mayoría conserva 1990 como año base de las mediciones, pero Estados Unidos, Canadá, Singapur, Nueva Zelandia y Australia, optaron por el 2005 lo que importa una gran diferencia. El año base que Japón fija para sí mismo es 2013, cuando emitió unos 100 millones de toneladas más que en 1990. La presentación de Rusia es incierta y condicionada. China, que ya es el mayor emisor de gases de efecto invernadero, simplemente dice que sus emisiones llegarán al máximo en 2030, es decir que pueden seguir creciendo, y que reducirá sus emisiones de CO2 por unidad de producto. México y varios países en desarrollo anuncian reducciones con respecto a lo que emitirán sino tomaran ninguna medida de mitigación (business as usual), como si las proyecciones de crecimiento económico a 15 años fueran garantizadas y si incorporar eficiencia fuera la excepción. 

Los países no necesitarían presentar sus INDC antes de firmar el eventual acuerdo, aunque se les requerirá para depositar el instrumento de ratificación. Las INDC no serían vinculantes, se podrían cambiar si el gobierno considera que se modificaran las condiciones del país, y no se incluirían en el acuerdo sino en una resolución de la Conferencia, que por su naturaleza no es vinculante. Con las excepciones de los miembros de la Unión Europea, además de Suiza y Noruega, las presentaciones parecen en realidad una descripción de políticas y medidas ya existentes, pero con ellas se procurará crear la imagen de que algo se ha innovado para responder al cambio climático, replicando la estrategia del Príncipe de Salina, descripta en la obra de Giuseppe di Lampedusa

En los últimos años, en materia de cambio climático el gobierno ha seguido la política del grupo liderado por Arabia Saudita, China, India y Venezuela, que tienen condiciones nacionales e intereses manifiestamente diferentes a los nuestros. Actualmente procura terminar la III Comunicación Nacional para la que, entre el 27 de julio de 2012 y el 30 de junio de 2015, usó una donación internacional de 2,44 millones de dólares. 

Hay indicios de consultas con la sociedad civil y distintos sectores de la administración para formular nuestro INDC, pero no se registra consulta para acordar la política nacional en materia climática. Es serio porque en razón del alto nivel de nuestras emisiones per cápita, estamos en riesgo de encontrarnos con restricciones comerciales fundadas en la “huella de carbono”. Además la Conferencia de Paris concluirá el 11 de diciembre, o sea el primer día de trabajo del futuro gobierno, que deberá enfrentar las consecuencias de la presente desprolijidad.

Raúl Estrada Oyuela es embajador de la Nación. Miembro de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente.

Por. Raúl Estrada Oyuela

Clarín

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