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Alarma por la basura: rellenan el último lote de la Ceamse y en 5 años no habrá más lugar

La imprevisión por sobre la prudencia, y el deslinde de responsabilidades por sobre el hacerse cargo son dos características con fuerte arraigo en la sociedad local. Es un accionar que muchas veces atraviesa a las autoridades y se traslada al ciudadano común, el primer eslabón de una cadena que, en lo que a cuestiones ambientales se refiere, está a un tirón de romperse. En términos prácticos, el espacio disponible para enterrar la basura proveniente de la Ciudad y de los 42 municipios del Gran Buenos Aires está cerca de agotarse: ya se empezó a usar el último sector disponible en el relleno sanitario de que la CEAMSE tiene en José León Suárez y en cinco años no habrá más lugar.

“Al ritmo de la disposición actual, más un 3% que se agrega por crecimiento poblacional, tenemos una capacidad receptiva de cinco años. Es decir, que al 2023 nuestro sistema de relleno sanitario empieza a tener una crisis nuevamente”, confirma Gustavo Coria, presidente de la CEAMSE.

El área metropolitana de Buenos Aires cuenta con tres complejos ambientales: uno en González Catán, que recibe la basura de todo el distrito de La Matanza; el Norte III, en José León Suárez, a donde se destinan los residuos de 36 municipios y de la Ciudad; y un tercer predio en Ensenada al que van los desechos de ese partido junto con los de Berisso, Brandsen, La Plata y Magdalena.

Este tercer complejo, que recibe el 5% del tonelaje total del área metropolitana, tiene un cierre estimado de operación para abril. Luego, el 100% de los residuos que lleguen al lugar serán tratados en una planta de Tratamiento Mecánico Biológico (TMB), en la que se podrá recuperar el 63% del material. Mientras, el 37% remanente se va a enfardar y será utilizado para rellenar canteras en la zona. En 2004 ya había cerrado el de Villa Domínico, que recibía la basura de los municipios de la zona sur.

Los otros dos espacios seguirán abonando sus rellenos sanitarios, de máxima, por los próximos 60 meses. En el caso de Gonzalez Catán, con el 8% de la disposición total de residuos, y en el de José León Suárez acopiará el 87% del sistema. El predio está operativo desde 1979, con la creación del CEAMSE, y tiene una extensión de 500 hectáreas.

Hace pocos días fue habilitado el último sector disponible del relleno. Tiene dos kilómetros de extensión y una cota de 60 metros. “Esa nueva obra en cinco años se agotó. No tenemos tierra para ningún otro lado, ni consenso ciudadano para abrir otros rellenos”, repite Coria.

Si a este mal pronóstico se suma toda la basura desechada por fuera de la red de gestión de residuos, el panorama se vuelve todavía más complejo. “Durante muchos años los basurales a cielo abierto fueron una válvula de escape al sistema, que ahora empieza a ser socialmente inaceptable. Es una problemática que hay que encarar y que en la Ciudad está resuelto desde hace unos años, pero que en algunos municipios todavía es un tema importante. Y que cuando se resuelva, va a blanquear un tonelaje que hoy no figura en la cuenta de ningún distrito, pero que existe”, expresa el ministro de Ambiente y Espacio Público porteño, Eduardo Macchiavelli.

El sistema de relleno sanitario hoy tiene enterrados 140 millones de toneladas, de las cuales 90 están en el corredor norte. Pero en ese mismo espacio también funciona una planta de TMB, una de tratamiento de neumáticos, otra de compostaje, 12 estaciones de separación de residuos sociales y una de generación de energía eléctrica a partir del biogas de los residuos, que permite producir 15 MWH que abastecen a 100.000 personas.

A su vez, minimiza la emanación de olores por la correcta extracción de los gases. “También queremos hacerlo en los otros dos complejos ambientales, de modo que todos estén tomando el gas de los residuos y lo estén reconvirtiendo en energía eléctrica. Nos va a dar una generación de energía de 10 mega, que es el equivalente a lo que consumen 70.000 vecinos de la región metropolitana”, explicaron en la CEAMSE.

Con todo, el horizonte sigue siendo limitado. “Hoy la Ciudad ha bajado a más de la mitad la cantidad que se entierra en este relleno. Tenemos cinco años para encontrar soluciones superadoras. Hay diferentes alternativas en el mundo que se aplican, estamos estudiando con Nación y con la provincia De Buenos Aires cuál es la que nos permite estirar el horizonte más allá de estos cinco años”, cierra Macchiavelli.

Clarín

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